Sábado, me acuesto y me quedo dormido escuchando el agua golpear sobre las ventanas. Domingo, amanece y me despierto de nuevo, no hay rastro de agua, si bien las nueves permanecen acechando. No sabes si salir a la calle o ponerte de nuevo el pijama y volver a la cama.
Al final decido dar un paseo fotográfico e intentar recoger los colores del otoño.